lunes, 8 de julio de 2030

WELCOME - BIENVENIDOS


Puedes ver también nuestra página, realizada por nuestro amigo Javier Álvarez, en la que aparecen fotos, direcciones, eventos, etc: http://asociaciondonesytalentos.com/asociacion/

Próximas reuniones a partir del 18/09/17. Mira en el apartado correspondiente del Blog.

¡Bienvenido a la Asociación Dones y Talentos de León!

El objetivo general de nuestra asociación es ayudar a todas las personas que la componen en el descubrimiento de quiénes son, así como de sus habilidades, capacidades, competencias, cualidades y aptitudes; y hacerlas congruentes con una actitud positiva ante la vida de entrega para reconocer su abundancia y su aportación al establecimiento de una sociedad en armonía, paz, felicidad y amor. Trasladar este proceso de forma altruista al medio social en el que se desenvuelven sus componentes. Fomentar este intercambio con asociaciones nacionales e internacionales de similar orientación. Promover el respeto a las personas de cualquier nivel socioeconómico, cultural, sexo, idioma, religión, raza, color, opinión política, sin distinción de la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa la persona. Promover el respeto por el medio ambiente. Fomentar el derecho a la vida, la libertad y la seguridad de las personas.

Con el lema: “Nadie crece más que aquel que impulsa a otros en su crecimiento”, y sustentados en las enseñanzas que nos aporta Un Curso de Milagros (UCDM), queremos, mediante cursos, reuniones, tertulias, charlas, conferencias, talleres, seminarios, puestas en común, cineforum, discoforum, etc., en las que el aprendizaje continuo y colaborativo sea su principal recurso, servir de vehículo social de intercambio y de solidaridad a todas aquellas personas que tratan de descubrirse, viéndose en los demás.

Hemos logrado en poco tiempo hacer una pequeña familia de asociados, con motivación para seguir creciendo, sin cerrar nunca las puertas a quienes no desean estar asociados y con actitud de entrega.

El importe para ser socio es simbólico, 3 euros mensuales, para poder cubrir los gastos de diversos materiales que usamos para las actividades.

Mediante negociación con diversas entidades, corredurías de seguros, tiendas, agencias de viajes, talleres, comercios, conseguimos descuentos para los asociados que serán expuestos en la página en su apartado correspondiente (ENLACES).

Los asociados también obtienen descuentos en tratamientos de profesionales de terapias alternativas y a través de los enlaces pertinentes en esta página, la descarga de toda la información de los cursos, talleres, etc., llevados a cabo, y otros ejercicios e informaciones (SE ENVÍA POR CORREO ELECTRÓNICO A LOS ASOCIADOS).


En la página también se comunican las fechas y lugares de los diferentes eventos (REUNIONES, FECHAS Y LUGARES).

Se encuentra siempre a disposición de los asociados el estado de las cuentas y, de forma periódica, se les trasladará la información al respecto. Se harán dos asambleas generales en el año para tratar cuantos asuntos sean de interés de los asociados y, anualmente se revisará el equipo directivo.

En la página tienes una zona de consultas donde serás contestado lo antes posible.
Te agradeceríamos dieses a conocer nuestro blog y gracias de antemano por tu visita.

Un fuerte abrazo.


El Equipo Directivo




EQUIPO DIRECTIVO ASOCIACIÓN DONES Y TALENTOS DE LEÓN
PRESIDENTE JUAN FERNÁNDEZ QUESADA
VICEPRESIDENTE JOSÉ MANUEL DÍEZ DÍEZ
SECRETARÍA MIRIAM ARIZAGA FERNÁNDEZ
ÁREA DE ADMINISTRACIÓN FRANCISCO JAVIER ÁLVAREZ DÍEZ
ÁREA ECONÓMICA E INVENTARIAL MARÍA DEL CARMEN VILLAVERDE PÉREZ
ÁREA ECONÓMICA E INVENTARIAL JUAN ANTONIO CORRALES SÁNCHEZ
ÁREA ECONÓMICA E INVENTARIAL MARÍA DE LOS ÁNGELES MARNE CABEZAS
ÁREA DE PROGRAMACIÓN Y ORGANIZACIÓN DE EVENTOS Y ACTIVIDADES JAVIER MATILLA DOMÍNGUEZ
ÁREA DE PROGRAMACIÓN Y ORGANIZACIÓN DE EVENTOS Y ACTIVIDADES ROCÍO FERNÁNDEZ FEBRERO
ÁREA DE PROGRAMACIÓN Y ORGANIZACIÓN DE EVENTOS Y ACTIVIDADES FLORA VALLE FLÓREZ


domingo, 20 de agosto de 2017

PEOR QUE LAS PÉRDIDAS EXTERNAS ES "ENCONTRARSE PERDIDO"

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Somos nosotros mismos los que nos perdemos en nuestro propio caos interior, cuando repetimos conductas que no nos llevan a ningún lado, cuando repetimos patrones familiares que ya han causado muchos desastres en nuestro entorno. ¿Dónde está nuestra brújula?

Sé un buen observador para aprender a tomar referencias. Es como cuando aparcamos el coche en un parking y no observamos dónde lo hemos dejado situado, cuál es la puerta del lugar por la que he salido, en qué piso estaba, qué color, qué número, etc. Si observo que hay actitudes, conductas, pensamientos, que me llevan, en general, a buen puerto y a sentirme bien conmigo mismo, ¿por qué no las voy anotando como referentes apropiados?

No saber propicia inseguridad, soledad, pero ¿qué tipos de saberes son más necesarios para paliar esto? Lo peor es no saber quién eres, qué eres, tu identidad. Uno se puede perder afuera porque ha estado perdido, ensimismado, dentro. He ido caminando y no he prestado atención a todo aquello de mi entorno que me permitía verme, conocerme. No te olvides que no te puedes conocer sin los otros. El conocimiento de ti mismo es un juego interactivo entre lo que los demás dicen de ti y lo que tú crees de ti. Tu cara es tu parte más identificativa, pero, como decía Jorge Bucay en una entrevista, es una de las partes de ti mismo que sólo te puedes ver en el espejo, pero no la puedes ver con tus propios ojos directamente, como cuando te ves las manos o el ombligo. Los demás son tu espejo. Sal a tu encuentro dándote a los demás, aunque ello te produzca una cierta inseguridad.

Quien se encierra en sí mismo huye de sí mismo más que de los demás. Ésta es la mayor soledad. ¿Cómo voy a conseguir buenas referencias si no me comunico? Los demás me ayudan a salir de mi ignorancia, me ayudan a ver la luz, me ayudan a identificarme. Si aprendo a conocer mis miedos e inseguridades, sabré adoptar una actitud diferente a la que he usado de evitar, escapar y huir de todo ello.

Creer que las adversidades son obstáculos que te pone Dios o la Vida para fastidiarte, es no entender que los obstáculos son ejercicios de aceptación. Si llueve te cabreas porque te mojas, y ya no te acuerdas de que cuando eras niño la lluvia la recibías como una oportunidad para chapotear y disfrutar del agua.

Aceptar es convertir lo etiquetado como “fastidioso” en “asumible”. Cuando no aceptas los inconvenientes y adversidades, te edificas como una persona intransigente. Esto último es no conocerte, porque tienes más fortalezas y adaptaciones de las que crees. Como dice Joan Sánchez-Fortún generas un sufrimiento innecesario por el solo hecho de no conocerte, de no saber quién eres.

Antes de darte las respuestas más adecuadas ante las situaciones, reposa tus emociones. Como dice Un Curso de Milagros, primero encuentra tu paz, ello te dará luz.

Tus brújulas para encontrarte:
1)   Reposa tus emociones.
2)   Entra en comunicación con los demás.
3)   Conoce y afronta tus miedos.
4)   La vida es relación, busca encuentros.
5) Escucha, coge referencias externas, y escúchate, tomas referencias internas.
6)   Acepta.

¡Prueba! ¡Verás que tu brújula funciona!

Un abrazo.

Juan Fernández Quesada. 

martes, 15 de agosto de 2017

CUANDO LA DEPRESIÓN INVADE NUESTRA EXISTENCIA

Aislamiento, Solo, Reflexivo, Mar, Ola, Niña
La incidencia de la depresión en el ser humano es muy alta. Según datos de la OMS afecta a más de 350 millones de personas en el mundo. Una enfermedad orgánica es más asumible por parte de la persona, pero un estado depresivo cuesta comprenderlo y asumirlo.

Tener una experiencia depresiva puede ser de las cosas más duras que te ocurran, pero también se puede aprender de ella. Yo sufrí una depresión por el año 1988, tras una separación, sólo quería dormitar y me evadía trabajando, apenas comía y los días se me hacían eternos.

Muchas veces creemos que infelicidad y depresión son lo mismo, pero los momentos de infelicidad o insatisfacción pueden muchas veces ser superados con cariño, apoyo y comprensión del entorno, más en el estado depresivo esos elementos muchas veces no llegan a aliviarte e, incluso, muchas veces molestan, te haces una coraza, no hay nada que te consuele. Si eres infeliz, incluso tú mismo te cuidas y consuelas, estando deprimido te criticas, no confías en ti mismo.

Estando deprimido el color de la vida cambia, los tonos brillantes y luminosos se vuelven apagados, tenues, descoloridos, hay algo que parece mantenerte alejado y distante de todo lo que te rodea. Es una sensación de sentirte a solas en una cárcel de la que no sabes salir.

Hay una canción de Joan Baptista Humet, titulada “Canción para una depresión” que describe muy bien lo que a uno le sucede. Te animo a que la escuches: https://www.youtube.com/watch?v=86SqaCDqwuc

La sensación de aislamiento es lo que hace dura la depresión. Para los que trabajamos en psicoterapia, cuesta mucho ayudar a una persona a salir de una depresión, porque, aunque ella racionalmente quiere salir de ahí, se aferra a ella como una tabla de salvación, es como defender lo que no quieres mantener.

La depresión no habría que tratarla como una enfermedad, sino como un mecanismo de defensa cuando tu estructura de significados se derrumba y, sobre todo qué significas tú con respecto a ti mismo.

RECETA PARA DEPRIMIRSE

En síntesis, si quieres deprimirte, debes hacer lo siguiente:
1)   Creer que tú, tu vida y el mundo sois inmutables, tal como te ves y la ves o lo ves.
2)   Creer que haces algo mal o eres malo y que debes esforzarte por ser bueno.
3)   Creer que vives en un mundo de justicia en el que el que es malo es castigado y el que es bueno recompensado.
4)   Creer que te va a sobrevenir un desastre. Con esto último, además, también tendrás angustia.

Esto nos viene por la educación que hemos tenido y las creencias que se han instalado en nuestro procesador. La religión siempre nos ha dicho que si eres bueno vas al Cielo y que si eres malo al Infierno, luego, al final, Dios aplica justicia. Esta promesa de recompensa o castigo ejerce una poderosa influencia en tu vida actual. Esta división polarizada de que al final los buenos tendrán su recompensa y los malos su merecido, focaliza toda la labor de tu vida. Creer en esta división nos hace ser presos de nuestra conciencia. Pasamos toda nuestra vida queriendo dar la imagen de bondad que la familia y la sociedad esperan de nosotros. De esta forma hacemos que el sufrimiento y el sacrificio se nos haga soportable para garantizarnos nuestra recompensa, sin saber que Dios siempre te recompensará hagas lo que hagas. Y alguien dirá: ¡Pero eso es injusto, ¿cómo a este que ha sido un malvado le van a dar lo mismo que a mí? Recuerda la parábola del hijo pródigo, cuando el hermano mayor se quejaba ante el Padre de que agasajase a su hermano después de lo que había hecho.

Tener fe en un mundo justo nos proporciona sensación de seguridad porque podemos predecir lo que va a ocurrir.

Cuando ocurre una desgracia nos preguntamos: ¿Cómo ha ocurrido esto? ¿Por qué ha ocurrido esto?

A la primera pregunta se contesta haciendo un análisis pericial de lo ocurrido. Al “por qué” se contesta con tres respuestas plausibles:
1)   Fue culpa de alguien.
2)   Fue culpa mía.
3)   Ocurrió por casualidad.

En consonancia con la idea del mundo justo, nada ocurre por casualidad, con lo cual la tercera alternativa no es viable. De esta forma los desastres son siempre un castigo a una maldad, es decir, o fue culpa de alguien o fue culpa tuya. De ahí que cuando eres tú el que padeces una adversidad y ésta se instala de una forma más o menos permanente, ya no te vale con culpabilizar a los demás o incluso a Dios, es porque el culpable eres tú. Esto es algo que les suele suceder a las “buenas” personas, tienden a culpabilizarse. Por lo tanto, “ser bueno” es estar predispuesto a culpabilizarte. Si te aíslas los demás no descubrirán lo malvado que eres y, también, por otro lado, no harás maldades hacia los demás. El destino no te ofrece más que castigo y no vas a salir de él. De ahí que te apartas de la posibilidad de un futuro esperanzador. Ya estás instalado en la cárcel de la depresión.

¿Cómo podríamos salir de esta espiral interpretativa absurda? Simplemente aceptando que EL MUNDO ES COMO ES y TÚ ERES COMO ERES. Puedes descubrir que tú, la vida y el mundo no son determinaciones del universo o de Dios, sino significados que has construido y que puedes cambiarlos. Decide a partir de este momento hacerte responsable de tu vida, no culpable, y toma decisiones que te lleven a determinar el destino que quieres y la felicidad que deseas.

Eres un ser bueno porque bueno te hicieron, porque te sientes mejor así, y no porque por ello te van a recompensar con el Cielo. ELIGE AMARTE, NO CASTIGARTE.

Espero la lectura haya sido de tu agrado.

Un fuerte abrazo y, por favor, compártelo con tus conocidos.

Juan Fernández Quesada.


jueves, 10 de agosto de 2017

EL ESTRÉS POSTRAUMÁTICO, SUS SÍNTOMAS

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Este estado está compuesto por tres grupos de síntomas:
1) Los relacionados con la reexperimentación del trauma: aparición recurrente de recuerdos involuntarios e intrusivos en forma de imágenes, pensamientos, sensaciones, pesadillas, sonidos, etc.
2)   Los evitativos: evitación de todo aquello relacionado con el trauma. Evitar dialogar sobre lo acontecido, a las personas que estuvieron o participaron, a las personas que te hablan de lo ocurrido, los lugares del suceso, etc.
3) Los de activación neurovegetativa: encargados de regular el funcionamiento del organismo (trastornos del sueño, falta de concentración, sobresaltos por ruidos, síntomas somáticos difusos y diversos).

Estos síntomas se agrupan en seis criterios y para s que se cumplan esos criterios deben darse, al menos, dos de los elementos que se describen:
Criterio A: La persona ha sufrido una experiencia en la que su vida se ha visto amenazada.
1) La persona ha experimentado uno o más acontecimientos en los que su integridad física se ha visto amenazada o ha presenciado uno o más acontecimientos en los que otras personas han sido amenazadas de muerte, han podido morir o han sido gravemente heridas.
2) La persona ha reaccionado con un terror intenso o con un sentimiento de impotencia o de horror.

Criterio B: La persona revive esta experiencia permanentemente de distintas maneras.
1) Recuerdos recurrentes e intrusos del acontecimiento traumático, que provocan malestar y en los que se incluyen imágenes, pensamientos, percepciones (reexperimentación).
2)   Sueños de carácter recurrente que producen malestar.
3) Sensación de peligro inminente o actos repentinos “como si” el acontecimiento fuera a ocurrir de nuevo (sensación de estar reviviendo la experiencia, ilusiones, alucinaciones y episodios disociativos (flashbacks).
4) Malestar psíquico intenso al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático.
5) Respuestas fisiológicas al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático.

Criterio C: La persona evita cualquier estímulo que le recuerde la experiencia traumática y se siente fuera de la realidad.
1) Esfuerzos para evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones sobre el suceso traumático.
2) Esfuerzos para evitar actividades, lugares o personas que motivan recuerdos del trauma.
3) Incapacidad para recordar un aspecto importante del trauma.
4) Reducción acusada del interés o de la participación en determinadas actividades.
5) Sensación de desapego o enajenación frente a los demás.
6) Restricción de la vida afectiva (experimenta menos alegría).
7) Sensación de un futuro desolador en, por ejemplo, el campo profesional, familiar. Se pierden proyectos de vida.

Criterio D: La persona presenta síntomas relacionados con la activación del sistema neurovegetativo.
Presencia de, al menos, dos de los siguientes síntomas:
1)  Trastornos del sueño.
2)   Irritabilidad o ataques de ira.
3)   Dificultad para concentrarse.
4)   Hipervigilancia o prudencia extrema.
5) Respuestas exageradas de sobresalto ante ruidos (teléfono, claxon, sirena, puerta, etc.).

Criterio E: Estos síntomas duran más de un mes (criterios B, C y D).

Criterio F: Estos trastornos provocan un malestar clínico significativo o alteran el funcionamiento social, familiar, profesional o de otro tipo.

Si los trastornos duran menos de 3 meses se consideran agudos, si persisten más de tres meses se consideran crónicos y si aparecen tras un período de latencia de seis meses, se considera de inicio demorado.

Hace años se hablaba de este estado como neurosis de guerra, ya que eran trastornos observados en soldados de la Primera y Segunda Guerra Mundial. Luego estos síntomas se observaron también en los supervivientes de los campos de concentración, en prisioneros y en personas que habían perdido a familiares de forma violenta. El trauma afecta al pensamiento, al comportamiento y a las emociones. Es un trastorno que está clasificado en los manuales de la comunidad científica como trastorno de ansiedad.

Muchas complicaciones de este trastorno derivan en depresión con gran sintomatología de ansiedad en sus tres niveles, a nivel motor, cognitivo y fisiológico; y en conductas adictivas, alcoholismo, toxicomanía.

Hay dos factores resilientes que posibilitan el afrontamiento positivo y eficaz de las situaciones traumáticas y que impiden un desarrollo patológico crónico:
1) El haber superado con éxito situaciones difíciles (razonablemente soportables) en otras etapas de la vida, haciendo que el sujeto confíe en su capacidad de respuesta.
2) Cuando la persona cuenta con buenos apoyos sociales y familiares que han sido eficaces en otros momentos difíciles; o cuando la persona ha sido preparada para afrontar estos tipos de situaciones (bomberos, militares, policías, médicos de urgencias, rescatadores, etc.).

El primer factor resiliente nos da una buena clave para generar una actitud de afrontamiento positivo ante las dificultades en lugar de una actitud evitativa que, a medio y largo plazo, nos ayudará a tener grandes fortalezas.

Una abrazo.


Juan Fernández Quesada

miércoles, 9 de agosto de 2017

EL ESTRÉS POSTRAUMÁTICO

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Un acontecimiento se puede definir como traumático cuando de forma repentina amenaza nuestra vida, nuestra integridad física, moral. Es un acontecimiento que, a pesar de que lo escuchamos todos los días en los medios de comunicación, no solemos pensar que nos va a suceder a nosotros y nos descoloca en todos nuestros planes y en nuestro vivir del día a día.

Los acontecimientos traumáticos, a diferencia de los estresantes, que son muchos de los que podemos vivir día a día, un vecino ruidoso, preocupaciones por nuestra actividad laboral, por tener que afrontar unos pagos que no puedo hacer frente, etc., son imprevisibles, inesperados y asociados a un peligro de muerte, bien propia o de alguien cercano.

Cuenta Aurore Sabouraud-Séguin, en uno de sus libros, el diálogo de Patricia después de siete años de haber tenido un accidente de coche:
Recuerdo que ya me sentía en peligro antes del accidente, porque el conductor iba demasiado deprisa. Me arrepiento de no haberle dicho nada, pero no me atreví. Unos amigos me llevaban de vuelta a casa porque, esa noche, me habían tirado a una piscina y estaba empapada.

El coche va demasiado deprisa. Toma una curva muy cerrada y dos faros aparecen de repente enfrente de nosotros. Sergio pierde el control del vehículo y chocamos contra la pared rocosa que había a la derecha de la carretera. Entonces… No, ¡no puede ser! ¡No! ¡No vamos a morir, no podemos tener un accidente!

Sin embargo, el coche cae por el barranco. Las dos ruedas delanteras están ya en el aire. No sé qué pasa, me encuentro mal. Creo que estoy volando y luego, nada más. Oigo ruidos y ramas, ruidos sordos de carrocería. No me acuerdo de gran cosa, sólo de esos ruidos. Me desperté después del accidente. El bosque estaba oscuro. Ya no tenía miedo, ni sentía dolor, ni ninguna emoción. Era como si estuviera muerta. Después alguien me llama. Oigo mi nombre y tengo ganas de gritar: “Sí, estoy aquí! Venid a buscarme! Tengo miedo”. Pero no consigo hablar. Me toco la cabeza y noto algo pegajoso, húmedo y caliente, algo que resbala por mi cara. Los recuerdos de cuando vinieron a socorrernos son confusos, entrecortados, inconexos. Me llevan. Tengo frío y miedo. Me doy cuenta de repente de dónde estoy, de que acabamos de tener un accidente. Veo a Eduardo. Han venido a auxiliarnos. Unos hombres me hacen preguntas sin parar y me llevan en camilla. Tengo miedo otra vez. Me invade un pánico tremendo porque creo que me voy a caer. Ya no puedo más. ¡Dejadme! Me cortan la ropa. No entiendo qué pasa. ¡Dejadme! Quiero irme.

Llego al hospital y me deslumbra una luz muy fuerte. Hay un escándalo tremendo.

Los meses siguientes fueron una auténtica tortura. Incluso ahora tengo la sensación de que “apesto”. Nunca he hablado de ello por la vergüenza que me da. Creo que no me lavaron en el hospital. Debió de hacerlo mi madre cuando me llevaron a casa. Nada más despertarme notaba ese olor a sangre coagulada que me daba ganas de vomitar. Creo que las personas que venían a verme se daban cuenta. Me habían afeitado la cabeza y no me atrevía a tocármela. Tenía la cara toda hinchada y un agujero en medio del pelo. Todo eso me daba asco, e incluso ahora, al decirlo, me entran ganas de vomitar.

Durante semanas fueron mis padres quienes se encargaron de lavarme, de darme de comer, de llevarme al baño. Los médicos decían: “Todo va bien, no hay nada que temer”, y me daban otra vez cita para más adelante. Sin explicación alguna prolongaban la rehabilitación. Me mentían. No me crecía el pelo y tenía que llevar un collarín. Yo me daba cuenta de que seguía doliéndome, de que ya no tenía fuerzas ni para sostener un objeto. Me sentía disminuida, humillada. Veía su mirada, inquieta, notaba su lástima y tenía miedo: debía de estar desfigurada. Poco a poco fui perdiendo confianza. No sabía cuánto iba a durar todo aquello. “¿Toda la vida?”

Siempre he sido optimista y ahora ya no puedo ni pensar en mi futuro. ¡Ni siquiera en mañana! Desde el accidente, hace ya siete años, vivo al día. Ya no tengo ganas de nada. Es como si en mi vida no hubiera nada más que sufrimiento: el sufrimiento de hoy, que se confunde con el de ayer, mi vida truncada, mi incapacidad para retomar las riendas de mi vida, para querer tomarlas.

No me acuerdo de todo. ¿Qué se me ha olvidado? Me angustia no tener recuerdos. No es normal. A menudo pienso en eso y hago esfuerzos por recordar, en vano.

Además, me cuesta dormir. Me dan miedo las pesadillas. Todas las noches veo cómo me caigo por el barranco, me siento caer, dar vueltas, veo la sangre resbalar cada vez que ruedo por el suelo y me despierto.

Tampoco quiero mirar la tele. Me pone nerviosa oír hablar de catástrofes y accidentes. Me invade la ira y me entran ganas de romperlo todo. Entonces bebo para calmarme. De hecho, ahora necesito beber todas las noches. Antes sólo lo hacía en las fiestas para poder estar con mis amigos. Ahora ya no tengo ganas de salir.

Mis padres me cuidan mucho y están intranquilos. Yo no me he preocupado de nada del accidente. Son ellos quienes discuten con las compañías de seguros. Yo no estoy al corriente de nada. Nunca hemos vuelto a hablar del accidente. No me atrevo a preguntarles nada. Ya han sufrido demasiado por mi culpa.

He roto con los amigos de aquella época. No vinieron a verme al hospital. No querían que me vieran en ese estado…

Como veréis en la propia historia que cuenta Patricia hay muchos elementos para el desconsuelo, la apatía, la desesperanza, la culpabilidad, la soledad por la incomunicación, la vergüenza. Ella, que fue la más tocada en el accidente, sus amigos salieron ilesos, después de siete años, sigue traumatizada por lo acontecido e intenta suicidarse. A partir de aquí es tratada en psicoterapia, porque además, utiliza las adicciones, bebida y tabaco, para aliviar sus síntomas. Cuando un acontecimiento de esta índole se hace crónico y el individuo se siente incapaz de asumirlo, es cuando hablamos de “estrés postraumático”.

¿En qué va a consistir la terapia? La terapia va a consistir en dejar de huir, en dar sentido a cómo se siente uno, no en lo ocurrido, porque eso no se puede cambiar. El hablar de lo ocurrido ayuda a reestructurar todo el acontecimiento, a darnos cuenta de que los otros también han sufrido y por lo tanto no estaba tan solo, a tener la actitud abierta a pedir ayuda, a comprender nuestros cambios de humor, a compartir nuestros sentimientos, a dejarnos querer, a no culpabilizarnos por los errores, etc. Las preguntas de porqué no hice, porqué me tuvo que suceder, etc., son preguntas que no tienen contestación y por lo tanto son interrogantes absurdos que no llevan a ninguna salida, a ninguna certeza, sino a un círculo vicioso. También nos va a ayudar la terapia a enfrentar de forma eficaz nuestros miedos, en lugar de evitarlos; a deshacer creencias irracionales que, posiblemente, ya estaban instaladas en nuestras mentes, pero a causa de lo vivido han aflorado con más intensidad; a retomar nuestros planes y objetivos, e incluso establecer otros nuevos. En fin, como decimos en la resiliencia, la adversidad puede ser la oportunidad para hacernos más fuertes en lugar de más vulnerables.

Un fuerte abrazo.


Juan Fernández Quesada.

sábado, 5 de agosto de 2017

EL AFECTO

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El afecto es un patrón de comportamiento observable en el que hay expresión de sentimientos experimentados subjetivamente. Son tipos de afecto la alegría, la cólera, la tristeza, etc. Esta es la definición más técnica. 

La Real Academia de la Lengua Española lo define como sentir aprecio por algo o alguien. En esta última definición hay como un deseo de acercamiento, de aproximación, hacia ese algo o alguien motivado por los sentimientos que se experimentan. El primer concepto es más amplio.



En los trastornos del afecto se pueden observar:
1) El afecto inapropiado: cuando vemos discordancia entre lo que se expresa y lo que se piensa y siente.
2)   El afecto plano: cuando hay ausencia o inexpresión de los sentimientos.
3) El afecto embotado: cuando hay una reducción significativa de la intensidad en la expresión emocional.
4) El afecto lábil o sensible: que serían cambios bruscos en la expresión emocional.
5)   El afecto constreñido o restringido: cuando hay una reducción ligera de la gama de expresión emocional.

Dar o recibir afecto es muchas veces una dificultad en muchas personas en sus existencias. A veces hay personas que les es fácil recibir afecto, pero les puede costar enormemente expresarlo, o viceversa. Este desequilibrio se puede convertir en una constante en la historia individual.

En las relaciones humanas el intercambio de afectos debe ser ejercido desde la libertad personal, sin imposiciones, sin condicionamientos y sin dependencias para que sea realmente sano. Lo que cada persona interpreta en ese intercambio de afectos viene determinado por la historia personal y por las circunstancias del sujeto. Esto nos tiene que llevar a comprender y a aceptar que habrá muchos momentos en los que no recibiremos los afectos que deseamos y/o no aportaremos a los demás lo que los otros esperan.

Cuando una persona tiene dificultades en la expresión de afectos habría que preguntarse qué habrá vivido o qué situación personal vivirá esta persona para no ser capaz de dar una respuesta adecuada a la situación que vive. Aquí es donde mandan los miedos, las inseguridades, los sentimientos de rechazo. ¿Cuántas personas, por ejemplo, son capaces de expresar mucha ternura hacia un animal y ser incapaces de expresarla hacia otra persona? El miedo al rechazo puede ser un ingrediente muy condicionante en este sentido. El miedo a dar porque pierdo. Dar sentimientos porque pierdo algo muy importante de mí, o porque a través de ahí me puedan manipular.

La única opción que tenemos para enriquecer nuestra vida anímica es asumir esos riesgos, dándonos y conociendo a los demás, porque para sentir de forma verdadera hay que conocer.

Los sentimientos hay que expresarlos, no negarlos o constreñirlos, pero sí, modularlos dándoles una canalización y expresiones adecuadas. No tengo otra forma de aprender a encauzarlos (los sentimientos), si no los expreso y los recepciono, aceptándolos.

Los buenos vínculos humanos surgen de los afectos. Cuando un padre, por ejemplo, limita al hijo en algún aspecto, debe mandarle dos mensajes, uno racional desde la comprensión de por qué le limita y otro afectivo del sentimiento que tiene en la situación que da más sentido a por qué lo hace. ¡Cuántas relaciones se deterioran por no expresar los afectos!

Hay más comunicación afectiva en lo no verbal que en lo verbal, pero si los compatibilizamos y armonizamos, daremos las mejores respuestas. Aquí, el contacto físico juega un papel primordial.

Impide que en tu vida el miedo y la inseguridad bloqueen tus sentimientos y tu acercamiento a los otros.

Si quieres llegar bien a los demás, escúchate, conócete y siéntete, luego déjate fluir.

Un fuerte abrazo.

Juan Fernández Quesada. 

jueves, 3 de agosto de 2017

EL BUEN HUMOR Y EL OPTIMISMO

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Decía Groucho Marx que si un día te levantas sintiéndote contigo mismo como inútil y desesperanzado, recuerda que fuiste el espermatozoide más veloz de todos.

Hay que reírse de la vida y de uno mismo todos los días. Como decía hace poco el Papa Francisco a los religiosos, convertirse en un avinagrado, todo el día protestando y con mala actitud lo único que alimenta es dolor y malestar en tu vida y en todo lo que te rodea.

El buen humor es uno de los mejores mecanismos utilizados por la psicología cognitiva para el manejo de la ansiedad y la depresión. La risa provoca una gran oxigenación física y emocional.

Tener un buen sentido del humor prolonga nuestra existencia con mucha calidad según demuestran numerosos estudios científicos.

Decía Sir Winston Churchill que un optimista es el que ve una oportunidad de crecer en cada adversidad, mientras que un pesimista es el que ve una dificultad,  obstáculo o carga en cada adversidad.

Creemos que se nace siendo optimista o pesimista, pero nada más lejos de la realidad, es algo que aprendemos desde la cuna. Cuando hemos tenido un entorno en el que nuestros padres o familiares quitaban importancia a las cosas que sucedían, buscaban con esmero y perseverancia las posibilidades de afrontamiento ante las situaciones difíciles y aceptaban los hechos adversos que sucedían cambiando su actitud ante ellos, nos servían como buenos modelos para afrontar en el futuro nuestras propias situaciones complicadas. Es por ello que nunca es tarde para proponernos cambiar y adoptar otra postura ante las adversidades.

Una actitud optimista ayuda a:
1)   Poner más empeño en la labor a enfrentar.
2)   No rendirse ante la adversidad.
3)   Confiar más en la propia competencia, mejorando nuestra autoestima.
4)   Tener más seguridad en nosotros mismos.
5)   Tener más sentimiento de control.
6)   Ganar en capacidad de concentración en las soluciones.
7)   Mantener un compromiso más activo con la vida, con uno mismo y con los demás.

Espero que una vez leído este artículo vayas al espejo, mires a la persona que ves en él y le eches una sonrisa gratificante proponiéndote ver el lado optimista y simpático de las cosas.

Un fuerte abrazo.


Juan Fernández Quesada.

martes, 25 de julio de 2017

DIÁLOGOS RACIONALES CON NOSOTROS MISMOS PARA SENTIRNOS BIEN

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Cómo dialogar con nosotros mismos para sentirnos bien, algunos ejemplos:
1)   “Tengo lo suficiente en este momento para sentirme bien conmigo mismo”.
2)   “Puedo estar contento contigo mismo porque lo más importante es que mis intenciones y deseos son buenos y deseables a pesar de que no todo siempre me salga bien, tratando de hacer las cosas de la mejor forma posible o que yo conozca”.
3)   “No necesito que los demás me aprueben y me acepten para quererme a mí mismo”.
4)   “Soy buena persona y mis intenciones son buenas y deseables”.
5)   “Puedo, cuando yo quiero generar sentimientos de satisfacción en lugar de hacer tremendismo de lo que acontece en mi vida”.
6)   “Puedo mejorar mis resultados con perseverancia y con pasos cortos”.
7)   “Si me equivoco puedo darme todas las oportunidades que yo quiera para lograr lo que deseo, pero me trataré en todo momento con positividad, cariño y comprensión”.

Utiliza estos diálogos y parecidos para sentirte bien y automotivarte. Escribe los tuyos con tus propias palabras.

Espero te sea de mucha ayuda.

Un fuerte abrazo.


Juan Fernández Quesada.