domingo, 20 de agosto de 2017

PEOR QUE LAS PÉRDIDAS EXTERNAS ES "ENCONTRARSE PERDIDO"

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Somos nosotros mismos los que nos perdemos en nuestro propio caos interior, cuando repetimos conductas que no nos llevan a ningún lado, cuando repetimos patrones familiares que ya han causado muchos desastres en nuestro entorno. ¿Dónde está nuestra brújula?

Sé un buen observador para aprender a tomar referencias. Es como cuando aparcamos el coche en un parking y no observamos dónde lo hemos dejado situado, cuál es la puerta del lugar por la que he salido, en qué piso estaba, qué color, qué número, etc. Si observo que hay actitudes, conductas, pensamientos, que me llevan, en general, a buen puerto y a sentirme bien conmigo mismo, ¿por qué no las voy anotando como referentes apropiados?

No saber propicia inseguridad, soledad, pero ¿qué tipos de saberes son más necesarios para paliar esto? Lo peor es no saber quién eres, qué eres, tu identidad. Uno se puede perder afuera porque ha estado perdido, ensimismado, dentro. He ido caminando y no he prestado atención a todo aquello de mi entorno que me permitía verme, conocerme. No te olvides que no te puedes conocer sin los otros. El conocimiento de ti mismo es un juego interactivo entre lo que los demás dicen de ti y lo que tú crees de ti. Tu cara es tu parte más identificativa, pero, como decía Jorge Bucay en una entrevista, es una de las partes de ti mismo que sólo te puedes ver en el espejo, pero no la puedes ver con tus propios ojos directamente, como cuando te ves las manos o el ombligo. Los demás son tu espejo. Sal a tu encuentro dándote a los demás, aunque ello te produzca una cierta inseguridad.

Quien se encierra en sí mismo huye de sí mismo más que de los demás. Ésta es la mayor soledad. ¿Cómo voy a conseguir buenas referencias si no me comunico? Los demás me ayudan a salir de mi ignorancia, me ayudan a ver la luz, me ayudan a identificarme. Si aprendo a conocer mis miedos e inseguridades, sabré adoptar una actitud diferente a la que he usado de evitar, escapar y huir de todo ello.

Creer que las adversidades son obstáculos que te pone Dios o la Vida para fastidiarte, es no entender que los obstáculos son ejercicios de aceptación. Si llueve te cabreas porque te mojas, y ya no te acuerdas de que cuando eras niño la lluvia la recibías como una oportunidad para chapotear y disfrutar del agua.

Aceptar es convertir lo etiquetado como “fastidioso” en “asumible”. Cuando no aceptas los inconvenientes y adversidades, te edificas como una persona intransigente. Esto último es no conocerte, porque tienes más fortalezas y adaptaciones de las que crees. Como dice Joan Sánchez-Fortún generas un sufrimiento innecesario por el solo hecho de no conocerte, de no saber quién eres.

Antes de darte las respuestas más adecuadas ante las situaciones, reposa tus emociones. Como dice Un Curso de Milagros, primero encuentra tu paz, ello te dará luz.

Tus brújulas para encontrarte:
1)   Reposa tus emociones.
2)   Entra en comunicación con los demás.
3)   Conoce y afronta tus miedos.
4)   La vida es relación, busca encuentros.
5) Escucha, coge referencias externas, y escúchate, tomas referencias internas.
6)   Acepta.

¡Prueba! ¡Verás que tu brújula funciona!

Un abrazo.

Juan Fernández Quesada. 

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